By Félix Allueva

15 de Octubre de 2021 - 17:20

Podcast Britbeats Capitulo 7

¡Llegó el momento BRITBEATS! Compartimos la historia, que dió vida al séptimo capítulo de este podcast, realizado por el British Council en Venezuela, en el marco de su 80 aniversario.

La culpa la tiene Manchester

Gonna fade my jeans in the deep blue sea

Wash my cares away

Feelin' the breeze going through the trees

Just the music of the day

Oh, going to Caracas

Beautiful town when the lights go down

Dance the night away

Drinkin' the wines

Make me feel fine

That’s what the people say

Oh oh Caracas

Las rimas anteriores son parte de la letra del tema “Caracas”, una composición que la agrupación británica The Hollies dedica a nuestra capital.  La banda oriunda de Manchester, de las más famosas de la década de los 60´ y parte de los 70´, tuvo la oportunidad de visitar la urbe venezolana, realizando una presentación en el conocido Poliedro de Caracas. Vytas Brenner y su proyecto La Ofrenda fueron los encargados de abrir el show, lo que hizo de la noche una musical dualidad, al principio rítmico rock progresivo vernáculo con final de baladas melosas pop. Un año después de ese concierto aparecía el álbum “A Crazy Steal” (1978), firmado por los Hollies, en su track list estaba el reconocimiento a una ciudad donde, al parecer, la pasaron muy bien.  The Hollies venía una larga lista de éxitos de venta, como por ejemplo, “He Ain't Heavy, He's My Brother”. En su periplo por Venezuela ya presentaba problemas internos y con una clara crisis creativa. Lograron, a duras penas, sobrevivir hasta principios del siglo 21.

A pocos meses de la salida de “A Crazy Steal” fue el cantante Joe Cocker, como representante del pop británico, el encargado de usar el Poliedro de Caracas. Esa noche de agosto del 78, minutos antes de su momento de gloria caraqueña, se sucedió esta situación…

“Yo me acuerdo que en esa época el organista de Joe Cocker era nuevo y él no sabía tocar el órgano Hammond y ellos vieron que yo  tenía un Hammond C-3, y entonces el manager, que era Mike Lang, el mismo que produjo e hizo  Woodstock, me llamó y me dijo: ´yo quiero tocar con ese órgano´ y yo le dije: ´tú estás loco de bola, esa vaina la uso yo´, entonces el organista se acercó y me dijo ´mira vale, vamos hacer una vaina, ¿tú te sabes la música de Joe Cocker, lo que vamos a tocar?´, ¿‘La Carta’, ‘Feelin All Right’, ‘With a Little Help From My Friends’ y las otras? Yo te digo las notas, ¿tú eres capaz de tocar esas vainas?´. Y yo: ´de bolas que sí´. Esta es una interpretación del inglés traducida coloquialmente ―acota el entrevistado―. ´Total, vamos a hacer una cosa yo me siento y tú tocas´, me dice el organista. Arranca el espectáculo y yo arranco a tocar. El manager ve la vaina y se acerca y le forma un rolitranco de lío al organista, que no me acuerdo de verdad del nombre. La vaina era ´ye ye go go´ y arráncate que yo te sigo, en fin, toqué los dos días con la banda de Joe Cocker.”

Esta anécdota la narra el mismísimo José Ignacio Lares, líder la banda venezolana Ficción, quien fue el responsable de acompañar al mítico héroe de Woodstock como teclista invitado en la tarima del coso de la Rinconada.

Y si de relatos épicos se trata, un par de años luego que Joe Cocker se presentara en Caracas, le tocó el turno de llenar el Poliedro a otro representante del Reino Unido, Peter Frampton. Cuando digo llenar el Poliedro, es literal, cerca de 22 mil asistentes, durante los dos días de conciertos, un record para el momento. Mucha gente, mucha música.

A Peter lo precedían días de glorias, haber formado parte de la gran banda Humble Pie y luego, en solitario, grabar el doble disco en vivo “Frampton Comes Alive !”, un multiplatino con millones y millones de copias vendidas, quien no recuerda “ "Baby, I Love Your Way" (1976).  En esos profusos conciertos en Caracas, varias veces tuvieron que actuar las fuerzas del orden público para contener la adrenalina de los fans. En una de esas maniobras de la policía, Frampton visualizó el uso de la fuerza y de manera muy evidente manifestó en el escenario su desacuerdo, llegando a lanzar el micrófono a sus pies como acto de protesta.  Igual la función continuó y fue todo un éxito. 

Ya de partida a Panamá, próxima parada del tour, el avión que cargaba los equipos e instrumentos musicales de Frampton sufre un accidente y cae estrepitosamente en terrenos del aeropuerto internacional de Maiquetía, muriendo la tripulación y quemándose todo el equipaje.  En los equipos destruidos se encontraba la guitarra favorita del músico, una Gibson Les Paul 1954.  La guitarra, como ave fénix, renace de las cenizas muchos años después y regresa a las manos de su dueño. La épica es larguísima, basta decir que apareció en Curazao, fue rescatada por un aficionado lutier y parcialmente reparada. El mismo le sigue la pista y llega a la conclusión que pertenecía a Peter Frampton, ayudó la foto de la guitarra que aparecía en la portada del premiado álbum “Frampton Comes Alive”.

Mientras el guitarrista inglés recuperaba su entrañable instrumento, un colectivo artístico proveniente de la ciudad de Manchester se presentaba en los espacios abiertos del Teatro “Teresa Carreño”.  El nombre del proyecto “Sensurround Manchester”, proyecto multimedia, interconexión de luces, sonidos, imágenes, performances, algo de la vanguardia musical de noroeste de Inglaterra. En La toma artística auspiciada por el British Council, pudimos sentir en Caracas la vibra de la nueva música de esa región de Gran Bretaña, por demás, cuna la llamada movida “Madchester”, unión de la electrónica y rock, del rock para bailar o electrónicas con distorsionadas guitarras. Toda una marca en los sonidos de finales de los 80 y principios de los 90.

De la propuesta “Madchester” se recuerdan nombres como la discoteca The Hacienda o el sello Factory  Records, también muchas bandas, una de ellas, The Stone Roses, quinta esencia del rock psicodélico-bailable. Nunca olvidaré, siendo director de la Fundación Celarg, cerrando la década de los 80, una reunión con la encargada, para ese entonces, del Bristish Council, donde me planteó la posibilidad que una muy nueva banda visitara Venezuela, una agrupación que representaba el nuevo sonido pop rock  de Manchester.  Me entregó un casette (esas cajitas de plástico que contenían una cinta en su interior que producía sonidos) de la desconocida banda. Oh sorpresa, pertenecía a The Stone Roses.  Pero esa es otra historia. La culpa de todo la tiene Manchester.